Aumento mamario

La manera de realzar
tus pechos

El aumento de mama es una de las intervenciones más solicitadas por nuestras pacientes, que buscan sentirse bien consigo mismas sin tener que utilizar sujetadores o rellenos especiales.

Las candidatas ideales para someterse a un aumento de pecho son mujeres sanas, emocionalmente estables y que reconocen los resultados que se pueden obtener con estas cirugías.

Dado que las mamas son un órgano sexual primario, una intervención quirúrgica en esa zona implica muchas connotaciones. Un aumento de pecho no trata solamente de mejorar la silueta, sino que afecta de manera integral a la autoimagen de la paciente, y por consiguiente, a su relación con ella misma y con los demás. Todo ello hace que las primeras entrevistas entre equipo médico y paciente sean de gran importancia para conocer exactamente qué resultado está buscando ella y qué expectativas tiene de esa intervención.

CÓMO VALORAMOS A LA PACIENTE

Desde una perspectiva estética

El primer elemento de importancia es la conformación  del tórax en su conjunto, empezando por la  estructura ósea, las costillas y el esternón. Esta parte de la anatomía presenta una gran variabilidad y, dependiendo de su forma,  las mamas tendrán una disposición  específica  que deberá tenerse en cuenta.

A continuación, contemplaremos la forma   de lo que llamamos el continente o la piel que envuelve la mama, su calidad, elasticidad y su relación entre el complejo areola-pezón, el surco de las mamas y su disposición en el tórax. Estos son detalles de gran importancia ya que marcarán la actuación a realizar. Este surco puede ser apenas visible o incluso ser muy marcado y ambos, la areola y el surco, pueden tener una implantación alta (en el caso de tórax ancho), normal o baja ( cuando la paciente tiene un tórax más alargado que ancho). Así mismo, la relación de la areola con el surco es de gran importancia ya que si la areola está más descendida o por debajo del surco, indica que deberá contemplarse, si queremos obtener un resultado óptimo, la elevación del mismo para conseguir una armonía.

Esto es lo que sucede muchas veces cuando la paciente tenía un pecho relleno y, a consecuencia de sus embarazos, el pecho se vacía y la areola aparece descendida. En estos casos podrá contemplarse la colocación de un implante o completarlo con una pequeña elevación de la areola, valorando entonces la  necesidad de una cicatriz.

El segundo aspecto importante a valorar es el contenido propio de la mama y su disposición en los diferentes polos  ya que el objetivo principal será conseguir un aumento en aquellas áreas deseadas, por lo que será prioritario contar con el volumen existente analizando si éste es mayoritariamente graso o glandular.

 

ELECCIÓN DEL IMPLANTE

Con la demanda del paciente, en primer lugar y con el estudio anatómico por parte del equipo médico en segundo lugar, ya estamos en disposición de valorar la elección del implante.

Si bien hasta hace poco la industria nos ofrecía un único tipo de implante de diferentes tamaños, en la actualidad disponemos de unos 450 tipos de implantes de diferentes formas y volúmenes. Este hecho nos ha cambiado el paradigma en el momento de la elección del mismo. Podemos afirmar que ya no pensamos en el volumen, sino en la forma idónea que deseamos, lo que nos permite perseguir la excelencia, tanto en los aspectos puramente anatómicos de la paciente cómo en la valoración de su deseo.

En primer lugar, cómo decíamos al inicio, deberemos contemplar el tipo de tórax existente,  calculando su anchura y su altura. Estas medidas nos acotarán una  determinada base de partida sobre la cual consensuaremos con la paciente si desea unas mamas más cercanas al centro o más lateralizadas para, a continuación, valorando también el volumen de mama existente, contemplar si buscamos una forma más turgente o más anatómica en sus polos superiores, para terminar valorando la proyección deseada. Este proceso de elección, no del volumen sino de la forma, debe realizarse con mucha atención porque nos marcará el resultado definitivo. Por todo ello es muy importante  que la paciente conozca todos estos detalles, los entienda en toda su complejidad y exponga sus deseos con claridad.

La atención personalizada del equipo médico hacia la paciente, con un pormenorizado estudio previo y  junto con la exposición clara y exacta de ésta acerca de sus expectativas y deseos, nos orientarán para la elección del implante, la vía de abordaje y el área de colocación.

Tanto la vía de abordaje, el tipo de implante y la disposición del mismo, deberán estar acordados por la paciente en función de sus deseos y de las exigencias de la anatomía.

La vía más utilizada en la actualidad es mediante una incisión en el surco submamario apenas visible, si bien la transareolar se emplea ocasionalmente y la vía axilar, por sus propias connotaciones, es empleada muy ocasionalmente.

Generalmente acostumbramos a colocar el implante sub muscular o subfascial ya que pretendemos tener  el mayor tejido entre la piel y el implante para obtener un resultado óptimo por su naturalidad.

La intervención se realiza con la paciente en una posición semisentada con los brazos extendidos 90 grados para tener una posición previa de la mama lo más anatómica posible. El tipo de anestesia empleado es similar al que se emplea en exploraciones como las colonoscopias, con la respiración controlada. Si bien en determinadas situaciones, como la lejanía del domicilio de la paciente, es recomendable el ingreso de una noche, por lo general la paciente puede irse a su domicilio  a partir de las 8 h de la intervención, debiendo, eso sí, estar controlada a lo largo de las primeras 24 horas, momento en el que ya ha desaparecido cualquier tipo de riesgo.

La duración de la cirugía es de apenas 60 minutos y el alta domiciliaria se realiza sin ningún tipo de drenaje.

La paciente deberá estar en reposo domiciliario a lo largo de 3 a 5 días a partir de los cuales ya puede salir del domicilio y reincorporarse a sus actividades.

Debemos apuntar que será conveniente no realizar esfuerzos con los brazos hasta las dos semanas de la intervención. El ejercicio físico no deberá iniciarse hasta pasados 30 días de la intervención.

Los drenajes linfáticos serán de gran ayuda.

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